Origen
Origen pedagogia de la aventura

El camino que va de la Mano al corazón y al cerebro es el más certero y rápido, solamente tenemos que doblar el codo. Difícilmente podemos llegar del cerebro al corazón o a las manos, tendríamos que tener un “Gadgeto-cuello”; de ahí la importancia de la vivencia en el comienzo de todo proceso educativo.

La Pedagogía de la Aventura pretende ayudar en el proceso de humanización  de las personas, usando como herramientas las emociones que producen las actividades prácticas y vivenciales de aventura, las actividades jugadas en los que intervengan los retos, la interrelación y el individuo visto de una manera global. Pone estas prácticas en el corazón del proceso de crecimiento personal.

Estas actividades se convierten en auténticos disparadores de la motivación hacia la reflexión y el aprendizaje. Parte de la práctica, para que después de procesos de asimilación y reflexión de lo acontecido lleguemos a la interiorización de lo sucedido y a la mejora personal.


Por otra parte, pretende entrenar a las personas para que afronten nuevas actividades de aventura con más posibilidades de éxito, en umbrales de sensación cada vez mayores. No ambiciona domesticar las sensaciones, sino vivirlas de manera más plena. Para ello se incide directamente, no sólo en las habilidades físicas y técnicas básicas comunes a este tipo de actividades, sino en las capacidades personales y sociales que se ponen en juego cuando se abordan las mismas.

De igual manera, reivindica la importancia de seguir estremeciéndose ante actividades con umbrales de sensación muy bajo, seguir disfrutando de lo nimio, de lo cotidiano. Aspira a vivir la vida plenamente tal y como viene, sin necesidad de grandes acontecimientos o sensaciones.